Libro IV
Liber quartus
Per idem tempus annorum nouem, ab undeuicensimo anno aetatis meae usque ad duodetricensimum, seducebamur et seducebamus falsi atque fallentes in uariis cupiditatibus et palam per doctrinas, quas liberales uocant, occulte autem falso nomine religionis, hic superbi, ibi superstitiosi, ubique uani, hac popularis gloriae sectantes inanitatem usque ad theatricos plausus et contentiosa carmina et agonem coronarum faenearum et spectaculorum nugas et intemperantiam libidinum, illac autem purgari nos ab istis sordibus expetentes, cum eis, qui appellarentur electi et sancti, afferremus escas, de quibus nobis in officina aqualiculi sui fabricarent angelos et deos, per quos liberaremur. et sectabar ista atque faciebam cum amicis meis per me ac mecum deceptis. inrideant me arrogantes et nondum salubriter prostrati et elisi a te, deus meus, et ego tamen confitear tibi dedecora mea in laude tua. sine me, obsecro, et da mihi circuire praesenti memoria praeteritos circuitus erroris mei et immolare tibi hostiam iubilationis. quid enim sum ego mihi sine te nisi dux in praeceps? aut quid sum, cum mihi bene est, nisi sugens lac tuum aut fruens te cibo, qui non corrumpitur? et quis homo est quilibet homo, cum sit homo? sed inrideant nos fortes et potentes, nos autem infirmi et inopes confiteamur tibi.
Durante ese mismo período de nueve años, desde los diecinueve años de mi edad hasta los veintiocho, éramos seducidos y seducíamos, engañados y engañadores, en diversas pasiones: abiertamente por medio de las enseñanzas que llaman liberales, y a escondidas bajo el falso nombre de religión; aquí soberbios, allí supersticiosos, en todas partes vanos. Por un lado, perseguíamos la vaciedad de la gloria popular, hasta los aplausos del teatro, los certámenes de poesía, la competición por coronas de heno, las frivolidades de los espectáculos y el desenfreno de las pasiones; por otro, deseando purificarnos de esas inmundicias, llevábamos alimentos a los que se llamaban elegidos y santos, para que con ellos, en el taller de su vientre, nos fabricaran ángeles y dioses por medio de los cuales seríamos liberados. Y yo seguía estas cosas y las practicaba con mis amigos, engañados por mí y conmigo. Búrlense de mí los arrogantes y los que todavía no han sido saludablemente postrados y quebrantados por ti, Dios mío; yo, sin embargo, te confesaré mis vergüenzas para alabanza tuya. Permíteme, te lo ruego, y concédeme recorrer con la memoria presente los rodeos pasados de mi error y ofrecerte un sacrificio de júbilo. Pues ¿qué soy yo para mí sin ti, sino un guía hacia el precipicio? ¿O qué soy, cuando me va bien, sino uno que mama tu leche o que se alimenta de ti, el alimento que no se corrompe? ¿Y qué es un hombre, cualquier hombre, siendo [solo] hombre? Búrlense, pues, de nosotros los fuertes y poderosos; nosotros, débiles y pobres, confesémonos a ti.✦
Los elegidos formaban el grado superior de la secta de los maniqueos, a la que Agustín perteneció como simple «oyente». Los oyentes les llevaban alimentos, porque según su doctrina los elegidos, al digerirlos, liberaban las partículas de luz divina aprisionadas en ellos.
Cf. Sal 26,6 («sacrificio de júbilo»); Jn 6,27 («el alimento que no se corrompe»).
Docebam in illis annis artem rhetoricam et uictoriosam loquacitatem uictus cupiditate uendebam. malebam tamen, domine, tu scis, bonos habere discipulos, sicut appellantur boni, et eos sine dolo docebam dolos, non quibus contra caput innocentis agerent, sed aliquando pro capite nocentis. et, deus, uidisti de longinquo lapsantem in lubrico et in multo fumo scintillantem fidem meam, quam exhibebam in illo magisterio diligentibus uanitatem et quaerentibus mendacium, socius eorum. in illis annis unam habebam non eo quod legitimum uocatur coniugio cognitam, sed quam indagauerat uagus ardor inops prudentiae; sed unam tamen, ei quoque seruans tori fidem, in qua sane experirer exemplo meo, quid distaret inter coniugalis placiti modum, quod foederatum esset generandi gratia, et pactum libidinosi amoris, ubi proles etiam contra uotum nascitur, quamuis iam nata cogat se diligi.
Enseñaba yo en aquellos años el arte de la retórica y, vencido por la codicia, vendía una locuacidad capaz de vencer. Prefería, sin embargo, Señor, tú lo sabes, tener buenos discípulos, de los que se llaman buenos, y sin engaño les enseñaba engaños, no para que los usaran contra la vida de un inocente, sino, a veces, en favor de la vida de un culpable. Y tú, Dios, viste de lejos mi fe que resbalaba en terreno escurridizo y que chispeaba entre mucho humo, la fe que yo mostraba en aquel magisterio a quienes amaban la vanidad y buscaban la mentira, siendo yo compañero suyo. En aquellos años tenía yo una [mujer], no unida a mí por eso que se llama matrimonio legítimo, sino una que había encontrado mi ardor errabundo, falto de prudencia; pero una sola, y le guardaba también la fidelidad del lecho. Con ella experimenté, por mi propio ejemplo, qué diferencia hay entre la medida del pacto conyugal, concertado para engendrar hijos, y el contrato de un amor libidinoso, en el que la prole nace incluso contra el deseo, aunque, una vez nacida, obliga a que se la ame.✦
Agustín no dice nunca el nombre de esta compañera, con la que vivió unos quince años y de la que tuvo a su hijo Adeodato.
Cf. Is 42,3 y Mt 12,20 (la mecha que humea); Sal 4,3 («aman la vanidad y buscan la mentira»).
Recolo etiam, cum mihi theatrici carminis certamen inire placuisset, mandasse mihi nescio quem haruspicem, quid ei dare uellem mercedis, ut uincerem, me autem foeda illa sacramenta detestatum et abominatum respondisse, nec si corona illa ita esset inmortaliter aurea, muscam pro uictoria mea necari sinere. necaturus enim erat ille in sacrificiis suis animantia et illis honoribus inuitaturus mihi suffragatura daemonia uidebatur. sed hoc quoque malum non ex tua castitate repudiaui, deus cordis mei. non enim amare te noueram, qui nisi fulgores corporeos cogitare non noueram. talibus enim figmentis suspirans anima nonne fornicatur abs te et fidit in falsis et pascit uentos? sed uidelicet sacrificari pro me nollem daemonibus, quibus me illa superstitione ipse sacrificabam. quid est enim aliud uentos pascere quam ipsos pascere, hoc est errando eis esse uoluptati atque derisui?
Recuerdo también que, cuando quise participar en un certamen de poesía dramática, un arúspice, no sé quién, me mandó preguntar qué paga le daría por que yo venciera; y yo, que detestaba y aborrecía aquellos ritos inmundos, le respondí que, aunque la corona fuera de oro imperecedero, no permitiría que se matara una mosca por mi victoria. Porque él iba a matar animales en sus sacrificios, y con esos honores parecía que iba a invitar a los demonios a favorecerme. Pero tampoco este mal lo rechacé por tu castidad, Dios de mi corazón. Pues no sabía amarte yo, que no sabía pensar sino en resplandores corpóreos. ¿Acaso el alma que suspira por tales ficciones no fornica lejos de ti, y confía en falsedades, y apacienta vientos? Claro: yo no quería que se ofrecieran sacrificios por mí a los demonios, a quienes yo mismo me sacrificaba con aquella superstición. Pues ¿qué otra cosa es apacentar vientos sino apacentarlos a ellos, es decir, servirles de placer y de burla con nuestros errores?✦
El arúspice era un adivino que predecía el futuro examinando las entrañas de las víctimas sacrificadas.
Cf. Sal 72,26-27 («Dios de mi corazón»; «los que fornican lejos de ti»); Os 12,1 («apacienta vientos»).
Itaque illos planos, quos mathematicos uocant, plane consulere non desistebam, quod quasi nullum eis esset sacrificium et nullae preces ad aliquem spiritum ob diuinationem dirigerentur. quod tamen christiana et uera pietas consequenter repellit et damnat. bonum est enim confiteri tibi, domine, et dicere: miserere mei: cura animam meam, quoniam peccaui tibi, neque ad licentiam peccandi abuti indulgentia tua, sed meminisse dominicae uocis: ecce sanus factus es; iam noli peccare, ne quid tibi deterius contingat. quam totam illi salubritatem interficere conantur, cum dicunt: "de caelo tibi est ineuitabilis causa peccandi" et "Venus hoc fecit aut Saturnus aut Mars," scilicet ut homo sine culpa sit, caro et sanguis et superba putredo, culpandus sit autem caeli ac siderum creator et ordinator. et quis est hic nisi deus noster, suauitas et origo iustitiae, qui reddes unicuique secundum opera eius et cor contritum et humiliatum non spernis?
Así pues, no dejaba de consultar abiertamente a aquellos embaucadores que llaman matemáticos, porque casi no ofrecían ningún sacrificio ni dirigían oraciones a espíritu alguno para adivinar. Lo cual, sin embargo, la piedad cristiana y verdadera rechaza y condena con razón. Porque bueno es confesarte, Señor, y decir: Ten piedad de mí, sana mi alma, porque he pecado contra ti; y no abusar de tu indulgencia para tener licencia de pecar, sino recordar la palabra del Señor: Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te suceda algo peor. Toda esta saludable [enseñanza] intentan destruirla ellos cuando dicen: «Del cielo te viene la causa inevitable de pecar», y «Esto lo hizo Venus, o Saturno, o Marte»; es decir, para que el hombre, carne y sangre y soberbia podredumbre, quede sin culpa, y haya que culpar al creador y ordenador del cielo y de los astros. ¿Y quién es este sino nuestro Dios, dulzura y fuente de la justicia, que darás a cada uno según sus obras y no desprecias el corazón contrito y humillado?✦
Matemáticos: así se llamaba entonces a los astrólogos. Agustín juega con las palabras planos («vagabundos, embaucadores») y plane («abiertamente»).
Cf. Sal 91,2; Sal 40,5; Jn 5,14; Mt 16,27 y Rm 2,6; Sal 50,19.
Erat eo tempore uir sagax, medicinae artis peritissimus atque in ea nobilissimus, qui proconsul manu sua coronam illam agonisticam inposuerat non sano capiti meo, sed non ut medicus. nam illius morbi tu sanator, qui resistis superbis, humilibus autem das gratiam. numquid tamen etiam per illum senem defuisti mihi aut destitisti mederi animae meae? quia enim factus ei eram familiarior et eius sermonibus — erant enim sine uerborum cultu uiuacitate sententiarum iucundi et graues — adsiduus et fixus inhaerebam, ubi cognouit et ex conloquio meo libris genethliacorum esse me deditum, benigne ac paterne monuit, ut eos abicerem neque curam et operam rebus utilibus necessariam illi uanitati frustra inpenderem, dicens ita se illa didicisse, ut eam professionem primis annis aetatis suae deferre uoluisset, qua uitam degeret, et si Hippocraten intellexisset, et illas utique litteras potuisse intellegere: et tamen non ob aliam causam se postea illis relictis medicinam adsecutum, nisi eas falsissimas conperisset et nollet uir grauis decipiendis hominibus uictum quaerere. "at tu" inquit "quo te in hominibus sustentas, rhetoricam tenes, hanc autem fallaciam libero studio, non necessitate rei familiaris sectaris. quo magis mihi te oportet de illa credere, qui eam tam perfecte discere elaboraui, quam ex ea sola uiuere uolui." a quo ego cum quaesissem, quae causa ergo faceret, ut multa inde uera pronuntiarentur, respondit ille, ut potuit, sortem hoc facere in rerum natura usquequaque diffusam. si enim de paginis poetae cuiuspiam longe aliud canentis atque intendentis, cum forte quis consulit, mirabiliter consonus negotio saepe uersus exiret, et mirandum non esse dicebat, si ex anima humana superiore aliquo instinctu nesciente, quid in se fieret, non arte, sed sorte sonaret aliquid, quod interrogantis rebus factisque concineret.
Había en aquel tiempo un hombre sagaz, muy experto en el arte de la medicina y muy célebre en ella, que como procónsul había puesto con su propia mano aquella corona del certamen sobre mi cabeza enferma, aunque no como médico. Porque de esa enfermedad el que sana eres tú, que resistes a los soberbios y das tu gracia a los humildes. ¿Acaso, sin embargo, me faltaste también por medio de aquel anciano, o dejaste de curar mi alma? Pues, como había llegado a tener con él bastante trato y estaba asidua y atentamente pendiente de sus conversaciones —que, sin adorno de palabras, eran amenas y graves por la viveza de las ideas—, cuando supo por lo que hablábamos que yo era aficionado a los libros de los genetlíacos, me aconsejó con benignidad y como un padre que los arrojara y no gastara inútilmente en aquella vanidad el cuidado y el esfuerzo necesarios para cosas útiles. Me decía que él había estudiado aquellas cosas hasta el punto de que en los primeros años de su vida quiso adoptar esa profesión para ganarse la vida; y que, si había sido capaz de entender a Hipócrates, sin duda también había podido entender aquellos escritos; y que, sin embargo, después los había abandonado y se había dedicado a la medicina no por otro motivo sino porque había descubierto que eran falsísimos, y no quería, siendo hombre serio, ganarse el sustento engañando a los hombres. «Tú, en cambio —me dijo—, tienes la retórica para sostenerte entre los hombres, y sigues esta falacia por libre afición, no por necesidad de tu hacienda. Por eso más debes creerme a mí acerca de ella, que me esforcé por aprenderla tan perfectamente que quise vivir solo de ella». Y como yo le preguntara cuál era entonces la causa de que por ella se predijeran muchas cosas verdaderas, me respondió como pudo que eso lo producía el azar, difundido por todas partes en la naturaleza de las cosas. Porque si, cuando alguien consulta por casualidad las páginas de un poeta que canta y pretende algo muy distinto, sale a menudo un verso maravillosamente acorde con el asunto, no hay que maravillarse —decía— de que del alma humana, por algún instinto superior y sin saber ella lo que en sí ocurre, no por arte, sino por azar, brote algo que concuerde con los asuntos y hechos del que pregunta.✦
Este médico y procónsul de África era Vindiciano (cf. VII,6,8). Los genetlíacos eran los astrólogos que levantaban horóscopos según la hora del nacimiento.
Cf. 1 Pe 5,5 y St 4,6 («Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes»).
Et hoc quidem ab illo uel per illum procurasti mihi, et quid ipse postea per me ipsum quaererem, in memoria mea deliniasti. tunc autem nec ipse nec carissimus Nebridius, adulescens ualde bonus et ualde castus, inridens totum illud diuinationis genus, persuadere mihi potuerunt, ut haec abicerem, quoniam me amplius ipsorum auctorum mouebat auctoritas et nullum certum quale quaerebam documentum adhuc inueneram, quo mihi sine ambiguitate appareret, quae ab eis consultis uera dicerentur, forte uel sorte, non arte inspectorum siderum dici.
Y esto, en verdad, me lo procuraste de parte de él o por medio de él, y dejaste trazado en mi memoria lo que después yo mismo buscaría por mi cuenta. Entonces, sin embargo, ni él ni mi queridísimo Nebridio, joven muy bueno y muy casto, que se burlaba de todo aquel género de adivinación, pudieron persuadirme a que abandonara esas cosas, porque me movía más la autoridad de sus autores, y todavía no había encontrado ninguna prueba cierta, como la que buscaba, por la que se me hiciera evidente sin ambigüedad que las cosas verdaderas que respondían cuando se les consultaba se decían por casualidad o por azar, no por el arte de observar los astros.✦
Nebridio, amigo cartaginés de Agustín, que lo seguirá a Milán (cf. VI,10,17) y morirá cristiano poco después de su conversión (cf. IX,3,6).
In illis annis, quo primum tempore in municipio, quo natus sum, docere coeperam, conparaueram amicum societate studiorum nimis carum, coaeuum mihi et conflorentem flore adulescentiae. mecum puer creuerat et pariter in scholam ieramus pariterque luseramus. sed nondum erat sic amicus, quamquam ne tum quidem sic, uti est uera amicitia, quia non est uera, nisi cum eam tu agglutinas inter haerentes sibi caritate diffusa in cordibus nostris per spiritum sanctum, qui datus est nobis. sed tamen dulcis erat nobis, cocta feruore parilium studiorum. nam et a fide uera, quam non germanitus et penitus adulescens tenebat, deflexeram eum in superstitiosas fabellas et perniciosas, propter quas me plangebat mater. mecum iam errabat in animo ille homo et non poterat anima mea sine illo. et ecce tu inminens dorso fugitiuorum tuorum, deus ultionum et fons misericordiarum simul, qui conuertis nos ad te miris modis, ecce abstulisti hominem de hac uita, cum uix expleuisset annum in amicitia mea, suaui mihi super omnes suauitates illius uitae meae.
En aquellos años, cuando empecé a enseñar en el municipio en que nací, me había ganado un amigo, muy querido por la comunidad de estudios, de mi misma edad y floreciente como yo en la flor de la adolescencia. Había crecido conmigo desde niño, juntos habíamos ido a la escuela y juntos habíamos jugado. Pero entonces no era todavía tan amigo, aunque tampoco después lo fue tanto como lo es la verdadera amistad, porque no es verdadera sino cuando tú la aglutinas entre los que se adhieren unos a otros por la caridad derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. Sin embargo, nos era dulce, madurada al calor de estudios semejantes. Pues también a él lo había desviado de la fe verdadera, que él, adolescente, no tenía arraigada genuina y profundamente, hacia aquellas fábulas supersticiosas y perniciosas por las que mi madre me lloraba. Conmigo erraba ya en el espíritu aquel hombre, y mi alma no podía estar sin él. Y he aquí que tú, que estás siempre encima de las espaldas de los que huyen de ti, Dios de las venganzas y a la vez fuente de las misericordias, que nos conviertes a ti de modos admirables, he aquí que arrebataste a aquel hombre de esta vida, cuando apenas había cumplido un año en mi amistad, dulce para mí más que todas las dulzuras de aquella vida mía.✦
El municipio es Tagaste (hoy Souk Ahras, en Argelia), en Numidia, patria de Agustín. El nombre de este amigo no se conoce.
Cf. Rm 5,5; Sal 93,1 («Dios de las venganzas»).
Quis laudes tuas enumerat unus in se uno, quas expertus est? quid tunc fecisti, deus meus, et quam inuestigabilis abyssus iudiciorum tuorum? cum enim laboraret ille febribus, iacuit diu sine sensu in sudore laetali et, cum desperaretur, baptizatus est nesciens me non curante et praesumente id retinere potius animam eius quod a me acceperat, non quod in nescientis corpore fiebat. longe autem aliter erat. nam recreatus est et saluus factus, statimque, ut primo cum eo loqui potui — potui autem mox, ut ille potuit, quando non discedebam et nimis pendebamus ex inuicem — temtaui apud illum inridere, tamquam et illo inrisuro mecum baptismum, quem acceperat mente atque sensu absentissimus. sed tamen iam se accepisse didicerat. at ille ita me exhorruit ut inimicum admonuitque mirabili et repentina libertate, ut, si amicus esse uellem, talia sibi dicere desinerem. ego autem stupefactus atque turbatus distuli omnes motus meos, ut conualesceret prius essetque idoneus uiribus ualetudinis, cum quo agere possem quod uellem. sed ille abreptus dementiae meae, ut apud te seruaretur consolationi meae: post paucos dies me absente repetitur febribus et defungitur.
¿Quién enumera tus alabanzas, las que ha experimentado él solo en sí mismo? ¿Qué hiciste entonces, Dios mío, y qué insondable es el abismo de tus juicios? Como él padeciera fiebres, yació largo tiempo sin sentido en un sudor mortal y, como se desesperaba de su vida, fue bautizado sin saberlo; a mí no me importó, presumiendo que su alma retendría más bien lo que de mí había recibido y no lo que se hacía en el cuerpo de alguien inconsciente. Pero sucedió muy de otro modo. Porque se recuperó y quedó sano, y en cuanto pude hablar con él —y pude enseguida, en cuanto él pudo, porque yo no me apartaba [de su lado] y dependíamos demasiado el uno del otro—, intenté burlarme ante él, creyendo que también él se burlaría conmigo, del bautismo que había recibido estando del todo ausente de mente y de sentidos. Pero ya se había enterado de que lo había recibido. Y él se horrorizó de mí como de un enemigo, y me advirtió con admirable y repentina libertad que, si quería ser su amigo, dejara de decirle tales cosas. Yo, estupefacto y turbado, contuve todos mis impulsos para que primero se restableciera y recobrara las fuerzas de la salud, y pudiera entonces tratar con él lo que quisiera. Pero él fue arrebatado a mi demencia, para ser guardado junto a ti para consuelo mío: pocos días después, estando yo ausente, le vuelven las fiebres y muere.✦
Cf. Sal 105,2 («¿quién contará todas sus alabanzas?»); Sal 35,7 («tus juicios, abismo inmenso»).
Quo dolore contenebratum est cor meum et quidquid aspiciebam mors erat. et erat mihi patria supplicium et paterna domus mira infelicitas, et quidquid cum illo conmunicaueram, sine illo in cruciatum inmanem uerterat. expetebant eum undique oculi mei, et non dabatur; et oderam omnia, quod non haberent eum, nec mihi iam dicere poterant: "ecce uenit", sicut cum ueniret, quando absens erat. factus eram ipse mihi magna quaestio et interrogabam animam meam, quare tristis esset et quare conturbaret me ualde, et nihil nouerat respondere mihi. et si dicebam: "spera in deum," iuste non obtemperabat, quia uerior erat et melior homo, quem carissimum amiserat, quam phantasma, in quod sperare iubebatur. solus fletus erat dulcis mihi et successerat amico meo in deliciis animi mei.
Con aquel dolor se entenebreció mi corazón, y todo lo que miraba era muerte. La patria era para mí un suplicio, y la casa paterna, una extraña desdicha; y todo lo que había compartido con él se me había vuelto, sin él, un tormento enorme. Lo buscaban por todas partes mis ojos, y no se les daba; y odiaba todas las cosas porque no lo tenían, ni podían ya decirme: «Mira, ya viene», como cuando venía tras haber estado ausente. Me había vuelto yo mismo para mí un gran enigma, e interrogaba a mi alma por qué estaba triste y por qué me turbaba tanto, y no sabía responderme nada. Y si yo le decía: «Espera en Dios», con razón no obedecía, porque más verdadero y mejor era el hombre queridísimo que había perdido que el fantasma en el que se le mandaba esperar. Solo el llanto me era dulce, y había ocupado el lugar de mi amigo en las delicias de mi alma.✦
Cf. Sal 41,6.12 y 42,5 («¿Por qué estás triste, alma mía, y por qué me turbas? Espera en Dios»). El «fantasma» es el dios corpóreo de los maniqueos.
Et nunc, domine, iam illa transierunt et tempore lenitum est uulnus meum. possumne audire abs te, qui ueritas es, et admouere aurem cordis mei ori tuo, ut dicas mihi, cur fletus dulcis sit miseris? an tu, quamuis ubique adsis, longe abiecisti a te miseriam nostram, et tu in te manes, nos autem in experimentis uoluimur? et tamen nisi ad aures tuas ploraremus, nihil residui de spe nostra fieret. unde igitur suauis fructus de amaritudine uitae carpitur gemere et flere et suspirare et conqueri? an hoc ibi dulce est, quod speramus exaudire te? recte istud in precibus, quia desiderium perueniendi habent. num in dolore amissae rei et luctu, quo tunc operiebar? neque enim sperabam reuiuescere illum aut hoc petebam lacrimis, sed tantum dolebam et flebam. miser enim eram et amiseram gaudium meum. an et fletus res amara est et prae fastidio rerum, quibus prius fruebamur, et tunc, dum ab eis abhorremus, delectat?
Y ahora, Señor, ya pasaron aquellas cosas, y con el tiempo se ha mitigado mi herida. ¿Puedo oír de ti, que eres la verdad, y acercar el oído de mi corazón a tu boca, para que me digas por qué el llanto es dulce a los desdichados? ¿O es que tú, aunque estás presente en todas partes, has arrojado lejos de ti nuestra miseria, y tú permaneces en ti, mientras nosotros somos zarandeados por las pruebas? Y, sin embargo, si no lloráramos a tus oídos, no quedaría nada de nuestra esperanza. ¿De dónde, pues, se recoge de la amargura de la vida el suave fruto de gemir, llorar, suspirar y quejarse? ¿Acaso lo dulce es aquí que esperamos que tú nos escuches? Eso es cierto en las oraciones, porque llevan consigo el deseo de llegar [a ti]. Pero ¿lo es también en el dolor por la cosa perdida y en el luto que entonces me cubría? Porque ni esperaba que él reviviera ni lo pedía con lágrimas, sino que solo me dolía y lloraba. Pues era desdichado y había perdido mi alegría. ¿O es que también el llanto es cosa amarga y, por el hastío de las cosas de que antes gozábamos, nos deleita entonces, mientras sentimos aversión por ellas?✦
Cf. Jn 14,6 («yo soy la verdad»).
Quid autem ista loquor? non enim tempus quaerendi nunc est, sed confitendi tibi. miser eram et miser est omnis animus uinctus amicitia rerum mortalium et dilaniatur, cum eas amittit, et tunc sentit miseriam, qua miser est et antequam amittat eas. sic ego eram illo tempore et flebam amarissime et requiescebam in amaritudine. ita miser eram et habebam cariorem illo amico meo uitam ipsam miseram. nam quamuis eam mutare uellem, nollem tamen amittere magis quam illum et nescio an uellem uel pro illo, sicut de Oreste et Pylade traditur, si non fingitur, qui uellent pro inuicem simul mori, quia morte peius eis erat non simul uiuere. sed in me nescio quis affectus nimis huic contrarius ortus erat et taedium uiuendi erat in me grauissimum et moriendi metus. credo, quo magis illum amabam, hoc magis mortem, quae mihi eum abstulerat, tamquam atrocissimam inimicam oderam et timebam et eam repente consumpturam omnes homines putabam, quia illum potuit. sic eram omnino, memini. ecce cor meum, deus meus, ecce intus; uide, quia memini, spes mea, qui me mundas a talium affectionum inmunditia, dirigens oculos meos ad te et euellens de laqueo pedes meos. mirabar enim ceteros mortales uiuere, quia ille, quem quasi non moriturum dilexeram, mortuus erat, et me magis, quia ille alter eram, uiuere illo mortuo mirabar. bene quidam dixit de amico suo: dimidium animae suae. nam ego sensi animam meam et animam illius unam fuisse animam in duobus corporibus, et ideo mihi horrori erat uita, quia nolebam dimidius uiuere, et ideo forte mori metuebam, ne totus ille moreretur, quem multum amaueram. o dementiam nescientem diligere homines humaniter!
Pero ¿por qué digo estas cosas? Ahora no es tiempo de preguntar, sino de confesarme a ti. Desdichado era yo, y desdichada es toda alma atada por la amistad de las cosas mortales: se desgarra cuando las pierde, y entonces siente la miseria por la que era desdichada ya antes de perderlas. Así estaba yo en aquel tiempo, y lloraba amarguísimamente, y descansaba en la amargura. Tan desdichado era, y me era más querida que aquel amigo mío esa misma vida desdichada. Pues, aunque quisiera cambiarla, no querría sin embargo perderla más que a él; y no sé si habría querido [perderla] siquiera por él, como se cuenta, si no es invención, de Orestes y Pílades, que querían morir juntos el uno por el otro, porque peor que la muerte era para ellos no vivir juntos. Pero en mí había nacido no sé qué sentimiento muy contrario a este: un tedio de vivir gravísimo y, a la vez, miedo de morir. Creo que cuanto más lo amaba a él, tanto más odiaba y temía a la muerte, que me lo había arrebatado, como a la más atroz enemiga, y pensaba que de repente acabaría con todos los hombres, puesto que había podido con él. Así estaba yo enteramente, lo recuerdo. He aquí mi corazón, Dios mío, he aquí lo de dentro; míralo, porque lo recuerdo, esperanza mía, tú que me limpias de la inmundicia de tales afectos dirigiendo mis ojos hacia ti y sacando mis pies del lazo. Me admiraba de que los demás mortales vivieran, puesto que había muerto aquel a quien yo había amado como si no hubiera de morir; y más me admiraba de que yo, que era otro él, viviera estando él muerto. Bien dijo uno de su amigo: «mitad de su alma». Porque yo sentí que mi alma y la suya habían sido una sola alma en dos cuerpos, y por eso la vida me causaba horror, porque no quería vivir a medias; y quizá por eso temía morir, para que no muriera del todo aquel a quien tanto había amado. ¡Oh locura, que no sabe amar humanamente a los hombres!✦
Orestes y Pílades: pareja de amigos inseparables de la leyenda griega. La cita es de Horacio, Odas I,3,8, que llama a Virgilio «mitad de mi alma». En las Retractaciones (II,6,2) Agustín juzgó esta última frase más declamación ligera que confesión seria.
Cf. Sal 24,15 («mis ojos están siempre vueltos al Señor, porque él sacará mis pies del lazo»).
O stultum hominem inmoderate humana patientem! quod ego tunc eram. itaque aestuabam, suspirabam, flebam, turbabar, nec requies erat nec consilium. portabam enim concisam et cruentam animam meam inpatientem portari a me, et ubi eam ponerem non inueniebam. non in amoenis nemoribus, non in ludis atque cantibus nec in suaue olentibus locis nec in conuiuiis apparatis nec in uoluptate cubilis et lecti, non denique in libris atque carminibus adquiescebat. horrebant omnia et ipsa lux, et quidquid non erat quod ille erat, inprobum et taediosum erat praeter gemitum et lacrimas: nam in eis solis aliquantula requies. ubi autem inde auferebatur anima mea, onerabat me grandis sarcina miseriae. ad te, domine, leuanda erat et curanda, sciebam, sed nec uolebam nec ualebam, eo magis quod mihi non eras aliquid solidum et firmum, cum de te cogitabam. non enim tu eras, sed uanum phantasma et error meus erat deus meus. si conabar eam ibi ponere, ut requiesceret, per inane labebatur et iterum ruebat super me, et ego mihi remanseram infelix locus, ubi nec esse possem nec inde recedere. quo enim cor meum fugeret a corde meo? quo a me ipso fugerem? quo non me sequerer? et tamen fugi de patria. minus enim eum quaerebant oculi mei, ubi uidere non solebant, atque a Thagastensi oppido ueni Carthaginem.
¡Oh hombre necio, que sufre sin medida las cosas humanas! Eso era yo entonces. Por eso me abrasaba, suspiraba, lloraba, me turbaba, y no tenía ni descanso ni consejo. Llevaba mi alma despedazada y ensangrentada, que no soportaba ser llevada por mí, y no hallaba dónde ponerla. No descansaba en los bosques amenos, ni en los juegos y cantos, ni en los lugares de suave aroma, ni en los banquetes espléndidos, ni en el placer de la alcoba y del lecho, ni, en fin, en los libros y poemas. Todo me causaba horror, hasta la misma luz, y todo lo que no era lo que él era me resultaba malo y fastidioso, excepto el gemido y las lágrimas: solo en ellas había un poco de descanso. Pero cuando mi alma era apartada de ellas, me abrumaba una gran carga de miseria. Hacia ti, Señor, había que levantarla para que la curaras; lo sabía, pero ni quería ni podía, tanto más cuanto que, cuando pensaba en ti, no eras para mí algo sólido y firme. Porque no eras tú, sino un vano fantasma, y mi error era mi dios. Si intentaba ponerla allí para que descansara, resbalaba por el vacío y otra vez se desplomaba sobre mí, y yo me había quedado siendo para mí mismo un lugar desdichado, donde ni podía estar ni podía salir de él. ¿Adónde huiría mi corazón de mi corazón? ¿Adónde huiría de mí mismo? ¿Adónde no me seguiría a mí mismo? Y, sin embargo, huí de mi patria. Pues mis ojos lo buscaban menos donde no solían verlo; y de la ciudad de Tagaste vine a Cartago.✦
Cartago, capital de la provincia romana de África, donde Agustín había estudiado y adonde volvió hacia el año 376 como maestro de retórica.
Non uacant tempora nec otiose uoluuntur per sensus nostros: faciunt in animo mira opera. ecce ueniebant et praeteribant de die in diem et ueniendo et praetereundo inserebant mihi spes alias et alias memorias et paulatim resarciebant me pristinis generibus delectationum, quibus cedebat dolor meus ille; sed succedebant non quidem dolores alii, causae tamen aliorum dolorum. nam unde me facillime et in intima dolor ille penetrauerat, nisi quia fuderam in harenam animam meam diligendo moriturum acsi non moriturum? maxime quippe me reparabant atque recreabant aliorum amicorum solacia, cum quibus amabam quod postea amabam, et hoc erat ingens fabula et longum mendacium, cuius adulterina confricatione corrumpebatur mens nostra pruriens in auribus. sed illa mihi fabula non moriebatur, si quis amicorum meorum moreretur. alia erant, quae in eis amplius capiebant animum: conloqui et conridere et uicissim beniuole obsequi, simul legere libros dulciloquos, simul nugari et simul honestari, dissentire interdum sine odio tamquam ipse homo secum atque ipsa rarissima dissensione condire consensiones plurimas, docere aliquid inuicem aut discere ab inuicem, desiderare absentes cum molestia, suscipere uenientes cum laetitia: his atque huius modi signis a corde amantium et redamantium procedentibus per os, per linguam, per oculos et mille motus gratissimos quasi fomitibus flagrare animos et ex pluribus unum facere.
No están ociosos los tiempos, ni ruedan en vano por nuestros sentidos: hacen en el alma obras admirables. He aquí que [los días] venían y pasaban, día tras día, y viniendo y pasando sembraban en mí otras esperanzas y otros recuerdos, y poco a poco me restauraban con los antiguos géneros de deleites, ante los cuales cedía aquel dolor mío; pero le sucedían, si no otros dolores, sí causas de otros dolores. Pues ¿por qué aquel dolor me había penetrado tan fácilmente y hasta lo más íntimo, sino porque había derramado mi alma en la arena, amando a quien había de morir como si no hubiera de morir? Lo que más me reparaba y recreaba era el consuelo de otros amigos, con los que amaba lo que después amé: y esto era una enorme fábula y una larga mentira, con cuyo adúltero frotamiento se corrompía nuestra mente, que sentía comezón en los oídos. Pero aquella fábula no moría para mí aunque muriera alguno de mis amigos. Había otras cosas que en ellos cautivaban más mi alma: conversar y reír juntos, y hacerse favores mutuamente con benevolencia; leer juntos libros de dulce estilo, bromear juntos y juntos tratar cosas serias; disentir a veces sin odio, como uno disiente consigo mismo, y sazonar con esos rarísimos desacuerdos los acuerdos, que eran muchísimos; enseñarse algo unos a otros o aprender unos de otros; añorar con pena a los ausentes, recibir con alegría a los que llegaban. Con estas y semejantes señales, que brotan del corazón de los que se aman y se corresponden y se manifiestan por la boca, por la lengua, por los ojos y por mil gestos gratísimos, se encendían las almas como con yesca, y de muchas se hacía una sola.✦
La «fábula» es la doctrina maniquea. Donde esta edición lee postea («lo que después amé»), otros manuscritos leen pro te: «lo que amaba en lugar de ti».
Cf. 2 Tm 4,3 («sentirán comezón en los oídos»).
Hoc est, quod diligitur in amicis et sic diligitur, ut rea sibi sit humana conscientia, si non amauerit redamantem aut si amantem non redamauerit, nihil quaerens ex eius corpore praeter indicia beniuolentiae. hinc ille luctus, si quis moriatur, et tenebrae dolorum et uersa dulcedine in amaritudinem cor madidum et ex amissa uita morientium mors uiuentium. beatus qui amat te et amicum in te et inimicum propter te. solus enim nullum carum amittit, cui omnes in illo cari, qui non amittitur. et quis est iste nisi deus noster, deus, qui fecit caelum et terram et inplet ea, quia inplendo ea fecit ea? te nemo amittit, nisi qui dimittit, et quia dimittit, quo it aut quo fugit nisi a te placido ad te iratum? nam ubi non inuenit legem tuam in poena sua? et lex tua ueritas et ueritas tu.
Esto es lo que se ama en los amigos, y se ama de tal modo que la conciencia humana se siente culpable si no ama a quien le corresponde, o si no corresponde a quien la ama, sin buscar del otro, en su cuerpo, más que señales de benevolencia. De aquí aquel luto si alguno muere, y las tinieblas de los dolores, y el corazón empapado al volverse la dulzura amargura, y, de la vida perdida de los que mueren, la muerte de los que viven. Dichoso el que te ama a ti, y al amigo en ti, y al enemigo por ti. Pues solo no pierde a ningún ser querido aquel para quien todos son queridos en aquel que no se pierde. ¿Y quién es este sino nuestro Dios, el Dios que hizo el cielo y la tierra y los llena, porque llenándolos los hizo? A ti nadie te pierde sino el que te deja; y el que te deja, ¿adónde va o adónde huye, sino de ti propicio a ti airado? Pues ¿dónde no encuentra tu ley en su castigo? Y tu ley es la verdad, y la verdad eres tú.✦
Cf. Gn 1,1; Jr 23,24 («¿no lleno yo el cielo y la tierra?»); Sal 118,142; Jn 14,6.
Deus uirtutum, conuerte nos et ostende faciem tuam, et salui erimus. nam quoquouersum se uerterit anima hominis, ad dolores figitur alibi praeterquam in te, tametsi figitur in pulchris extra te et extra se. quae tamen nulla essent, nisi essent abs te. quae oriuntur et occidunt et oriendo quasi esse incipiunt et crescunt, ut perficiantur, et perfecta senescunt et intereunt: et non omnia senescunt et omnia intereunt. ergo cum oriuntur et tendunt esse, quo magis celeriter crescunt, ut sint, eo magis festinant, ut non sint. sic est modus eorum. tantum dedisti eis, quia partes sunt rerum, quae non sunt omnes simul, sed decedendo ac succedendo agunt omnes uniuersum, cuius partes sunt. ecce sic peragitur et sermo noster per signa sonantia. non enim erit totus sermo, si unum uerbum non decedat, cum sonuerit, partes suas, ut succedat aliud. laudet te ex illis anima mea, deus, creator omnium, sed non eis infigatur glutine amore per sensus corporis. eunt enim quo ibant, ut non sint, et conscindunt eam desideriis pestilentiosis, quoniam ipsa esse uult et requiescere amat in eis, quae amat. in illis autem non est ubi, quia non stant: fugiunt, et quis ea sequitur sensu carnis? aut quis ea conprehendit, uel cum praesto sunt? tardus est enim sensus carnis, quoniam sensus carnis est: ipse est modus eius. sufficit ad aliud, ad quod factus est, ad illud autem non sufficit, ut teneat transcurrentia ab initio debito usque ad finem debitum. in uerbo enim tuo, per quod creantur, ibi audiunt: "hinc et huc usque."
Dios de los ejércitos, conviértenos y muéstranos tu rostro, y seremos salvos. Porque adondequiera que se vuelva el alma del hombre, fuera de ti queda clavada en dolores, aunque se clave en cosas bellas, fuera de ti y fuera de sí. Las cuales, sin embargo, no serían nada si no vinieran de ti. Nacen y mueren, y al nacer empiezan, por así decir, a ser, y crecen para llegar a su perfección, y una vez perfectas envejecen y perecen; y no todas envejecen, pero todas perecen. Así pues, cuando nacen y tienden a ser, cuanto más deprisa crecen para ser, tanto más se apresuran a no ser. Tal es su medida. Esto les diste, porque son partes de cosas que no existen todas a la vez, sino que, yéndose unas y sucediéndose otras, forman todas juntas el universo del que son partes. Mira: así se realiza también nuestro lenguaje por medio de signos sonoros. Pues no habrá frase entera si cada palabra, una vez que ha hecho sonar sus partes, no se retira para que otra la suceda. Que mi alma te alabe por ellas, oh Dios, creador de todas las cosas, pero que no se pegue a ellas con el pegamento del amor a través de los sentidos del cuerpo. Porque van adonde iban, a no ser, y la desgarran con deseos pestilentes, porque ella quiere ser y ama descansar en lo que ama. Pero en ellas no hay dónde [descansar], porque no permanecen: huyen; ¿y quién las sigue con el sentido de la carne? ¿O quién las abarca, aun cuando están presentes? Lento es el sentido de la carne, porque es sentido de la carne: esa es su medida. Basta para otra cosa, para la que fue hecho; pero no basta para esto: para retener las cosas que pasan desde su debido comienzo hasta su debido fin. Pues en tu Verbo, por el que son creadas, allí oyen: «Desde aquí y hasta aquí».✦
Cf. Sal 79,4 (en la numeración de la Vulgata, que se sigue en estas notas); Job 38,11 («hasta aquí llegarás»). El Verbo (uerbum) es la Palabra eterna de Dios (Jn 1,1-3).
Noli esse uana, anima mea, et obsurdescere in aure cordis tumultu uanitatis tuae. audi et tu: uerbum ipsum clamat, ut redeas, et ibi est locus quietis inperturbabilis, ubi non deseritur amor, si ipse non deserat. ecce illa discedunt, ut alia succedant et omnibus suis partibus constet infima uniuersitas. "numquid ego aliquo discedo?" ait uerbum dei. ibi fige mansionem tuam, ibi conmenda quidquid inde habes, anima mea, saltem fatigata fallaciis. ueritati conmenda quidquid tibi est a ueritate, et non perdes aliquid, et reflorescent putria tua et sanabuntur omnes languores tui et fluxa tua reformabuntur et renouabuntur et constringentur ad te et non te deponent, quo descendunt, sed stabunt tecum et permanebunt ad semper stantem ac permanentem deum.
No seas vana, alma mía, ni ensordezcas el oído del corazón con el tumulto de tu vanidad. Escucha tú también: el Verbo mismo clama que vuelvas, y allí está el lugar del descanso imperturbable, donde el amor no es abandonado si él mismo no abandona. Mira, estas cosas se van para que otras las sucedan, y así, con todas sus partes, se constituye este universo inferior. «¿Acaso me voy yo a alguna parte?», dice el Verbo de Dios. Fija allí tu morada, confía allí todo lo que de allí tienes, alma mía, cansada al menos de engaños. Confía a la Verdad todo lo que tienes de la Verdad, y no perderás nada; y reflorecerá lo que en ti está podrido, y serán sanadas todas tus dolencias, y lo que en ti es inconsistente será reformado y renovado y estrechado contigo, y no te arrastrará allí adonde ello desciende, sino que permanecerá contigo y perdurará junto al Dios que siempre está y permanece.✦
Cf. Sal 102,3 («él sana todas tus dolencias»); 1 Pe 1,23 («la palabra de Dios, que vive y permanece»).
Vtquid peruersa sequeris carnem tuam? ipsa te sequatur conuersam. quidquid per illam sentis, in parte est et ignoras totum, cuius hae partes sunt, et delectant te tamen. sed si ad totum conprehendendum esset idoneus sensus carnis tuae ac non et ipse in parte uniuersi accepisset pro tua poena iustum modum, uelles, ut transiret quidquid existit in praesentia, ut magis tibi omnia placerent. nam et quod loquimur, per eundem sensum carnis audis et non uis utique stare syllabas, sed transuolare, ut aliae ueniant et totum audias. ita semper omnia, quibus unum aliquid constat, et non sunt omnia simul ea, quibus constat: plus delectant omnia quam singula, si possint sentiri omnia. sed longe his melior qui fecit omnia, et ipse est deus noster, et non discedit, quia nec succeditur ei.
¿Por qué, pervertida, sigues a tu carne? Que sea ella la que te siga a ti, convertida. Todo lo que sientes por medio de ella es parcial, e ignoras el todo del que estas cosas son partes, y aun así te deleitan. Pero si el sentido de tu carne fuera capaz de abarcar el todo, y no hubiera recibido también él, para castigo tuyo, una justa medida limitada a una parte del universo, querrías que pasara todo lo que existe en el presente, para que te agradara más el conjunto. Pues también lo que hablamos lo oyes por ese mismo sentido de la carne, y no quieres, ciertamente, que las sílabas se detengan, sino que pasen volando, para que vengan otras y oigas el todo. Así sucede siempre con todas las cosas que forman un todo único, cuando no existen a la vez todas las partes que lo forman: deleitan más todas juntas que cada una por separado, si se las pudiera percibir todas. Pero mucho mejor que ellas es el que hizo todas las cosas, y él es nuestro Dios, y no se va, porque nadie le sucede.
Si placent corpora, deum ex illis lauda et in artificem eorum retorque amorem, ne in his, quae tibi placent, tu displiceas. si placent animae, in deo amentur, quia et ipsae mutabiles sunt et illo fixae stabiliuntur: alioquin irent et perirent. in illo ergo amentur, et rape ad eum tecum quas potes et dic eis: "hunc amemus: ipse fecit haec et non est longe." non enim fecit atque abiit, sed ex illo in illo sunt. ecce ubi est, ubi sapit ueritas? intimus cordi est, sed cor errauit ab eo. redite, praeuaricatores, ad cor et inhaerete illi, qui fecit uos. state cum eo et stabitis, requiescite in eo et quieti eritis. quo itis in aspera? quo itis? bonum, quod amatis, ab illo est: sed quantum est ad illum, bonum est et suaue; sed amarum erit iuste, quia iniuste amatur deserto illo quidquid ab illo est. quo uobis adhuc et adhuc ambulare uias difficiles et laboriosas? non est requies, ubi quaeritis eam. quaerite quod quaeritis, sed ibi non est, ubi quaeritis. beatam uitam quaeritis in regione mortis: non est illic. quomodo enim beata uita, ubi nec uita?
Si te agradan los cuerpos, alaba a Dios por ellos y vuelve tu amor hacia su artífice, para que no le desagrades tú en las cosas que te agradan. Si te agradan las almas, ámalas en Dios, porque también ellas son mudables y, fijas en él, se vuelven estables; de lo contrario, se irían y perecerían. Ámalas, pues, en él, y arrastra contigo hacia él a cuantas puedas, y diles: «Amemos a este: él hizo estas cosas, y no está lejos». Porque no las hizo y se fue, sino que de él proceden y en él están. ¿Ves dónde está? Donde se saborea la verdad. Está en lo más íntimo del corazón, pero el corazón se ha extraviado lejos de él. Vuelvan, prevaricadores, al corazón, y adhiéranse a aquel que los hizo. Permanezcan con él y permanecerán firmes; descansen en él y tendrán reposo. ¿Adónde van por caminos ásperos? ¿Adónde van? El bien que aman viene de él; pero solo en cuanto se refiere a él es bueno y suave; mas será justamente amargo, porque injustamente se ama, abandonándolo a él, lo que viene de él. ¿Para qué seguir y seguir andando por caminos difíciles y penosos? No hay descanso donde lo buscan. Busquen lo que buscan, pero no está donde lo buscan. Buscan la vida dichosa en la región de la muerte: no está allí. ¿Cómo va a haber vida dichosa donde ni siquiera hay vida?✦
Cf. Hch 17,27 («no está lejos de cada uno de nosotros»); Is 46,8 («vuelvan, prevaricadores, al corazón»).
Et descendit huc ipsa uita nostra et tulit mortem nostram et occidit eam de abundantia uitae suae et tonuit clamans, ut redeamus hinc ad eum in illud secretum, unde processit ad nos in ipsum primum uirginalem uterum, ubi ei nupsit humana creatura, caro mortalis, ne semper mortalis; et inde uelut sponsus procedens de thalamo suo exultauit ut gigans ad currendam uiam. non enim tardauit, sed cucurrit clamans dictis, factis, morte, uita, descensu, ascensu, clamans, ut redeamus ad eum. et discessit ab oculis, ut redeamus ad cor et inueniamus eum. abscessit enim et ecce hic est. noluit nobiscum diu esse et non reliquit nos. illuc enim abscessit, unde numquam recessit, quia mundus per eum factus est et in hoc mundo erat et uenit in hunc mundum peccatores saluos facere. cui confitetur anima mea, et sanat eam, quoniam peccauit illi. fili hominum, quo usque graues corde? numquid et post descensum uitae non uultis ascendere et uiuere? sed quo ascenditis, quando in alto estis et posuistis in caelo os uestrum? descendite, ut ascendatis et ascendatis ad deum. cecidistis enim ascendendo contra deum. dic eis ista, ut plorent in conualle plorationis, et sic eos rape tecum ad deum, quia de spiritu eius haec dicis eis, si dicis ardens igne caritatis.
Y bajó aquí nuestra misma Vida, y cargó con nuestra muerte, y la mató con la abundancia de su vida, y tronó clamando que volvamos desde aquí a él, a aquel lugar secreto de donde salió hacia nosotros, primero al seno virginal, donde se desposó con él la criatura humana, la carne mortal, para que no fuera siempre mortal; y de allí, como un esposo que sale de su tálamo, saltó de júbilo como un gigante para recorrer su camino. Porque no se demoró, sino que corrió clamando con palabras, con hechos, con su muerte, con su vida, con su descenso, con su ascensión, clamando que volvamos a él. Y se apartó de nuestros ojos para que volvamos al corazón y lo encontremos allí. Porque se fue, y he aquí que está aquí. No quiso estar mucho tiempo con nosotros, y no nos dejó. Pues se fue allí de donde nunca se apartó, porque el mundo fue hecho por él, y en este mundo estaba, y vino a este mundo a salvar a los pecadores. A él se confiesa mi alma, y él la sana, porque pecó contra él. Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo serán duros de corazón? ¿Ni siquiera después de que la Vida ha descendido quieren subir y vivir? Pero ¿adónde suben, si están en lo alto y han puesto su boca en el cielo? Desciendan, para subir, y subir hasta Dios. Porque cayeron al subir contra Dios. Diles esto, para que lloren en el valle del llanto, y así arrástralos contigo hacia Dios, porque por su Espíritu les dices estas cosas, si se las dices ardiendo en el fuego de la caridad.✦
Cf. Sal 18,6 («como esposo que sale de su tálamo… como un gigante a recorrer su camino»); Jn 1,10; 1 Tm 1,15; Sal 40,5; Sal 4,3; Sal 72,9; Sal 83,7 («valle del llanto»).
Haec tunc non noueram et amabam pulchra inferiora et ibam in profundum et dicebam amicis meis: "num amamus aliquid nisi pulchrum? quid est ergo pulchrum? et quid est pulchritudo? quid est quod nos allicit et conciliat rebus, quas amamus? nisi enim esset in eis decus et species, nullo modo nos ad se mouerent." et animaduertebam et uidebam in ipsis corporibus aliud esse quasi totum et ideo pulchrum, aliud autem, quod ideo deceret, quoniam apte accommodaretur alicui, sicut pars corporis ad uniuersum suum aut calciamentum ad pedem et similia. et ista consideratio scaturriit in animo meo ex intimo corde meo, et scripsi libros "de pulchro et apto", puto, duos aut tres; tu scis, deus: nam excidit mihi. non enim habemus eos, sed aberrauerunt a nobis nescio quomodo.
Esto no lo sabía yo entonces, y amaba las bellezas inferiores, e iba hacia el abismo, y decía a mis amigos: «¿Amamos acaso algo que no sea bello? ¿Qué es, pues, lo bello? ¿Y qué es la belleza? ¿Qué es lo que nos atrae y nos aficiona a las cosas que amamos? Porque si no hubiera en ellas gracia y hermosura, de ningún modo nos moverían hacia sí». Y observaba y veía que en los cuerpos mismos una cosa es lo que forma como un todo, y por eso es bello, y otra lo que es conveniente porque se adapta bien a otra cosa, como una parte del cuerpo a su conjunto, o el calzado al pie, y cosas semejantes. Y esta consideración brotó en mi alma desde lo íntimo de mi corazón, y escribí unos libros Sobre lo bello y lo apto, dos o tres, creo; tú lo sabes, Dios, porque a mí se me ha olvidado. No los tenemos, sino que se nos extraviaron no sé cómo.✦
Sobre lo bello y lo apto (De pulchro et apto), primera obra de Agustín, escrita hacia el año 380 y hoy perdida.
Quid est autem, quod me mouit, domine deus meus, ut ad Hierium, Romanae urbis oratorem, scriberem illos libros? quem non noueram facie, sed amaueram hominem ex doctrinae fama, quae illi clara erat, et quaedam uerba eius audieram, et placuerant mihi. sed magis quia placebat aliis et eum efferebant laudibus stupentes, quod ex homine Syro, docto prius graecae facundiae, post in latina etiam dictor mirabilis extitisset et esset scientissimus rerum ad studium sapientiae pertinentium, mihi placebat. laudabatur homo et amabatur absens. utrumnam ab ore laudantis intrat in cor audientis amor ille? absit; sed ex amante alio accenditur alius. hinc enim amatur qui laudatur, dum non fallaci corde laudatoris praedicari creditur, id est cum amans eum laudat.
Pero ¿qué fue lo que me movió, Señor Dios mío, a dedicar aquellos libros a Hierio, orador de la ciudad de Roma? No lo conocía de vista, pero había llegado a amar al hombre por la fama de su saber, que era ilustre, y había oído algunas palabras suyas que me habían agradado. Pero me agradaba más porque agradaba a otros, y lo ensalzaban con alabanzas, asombrados de que un sirio, instruido primero en la elocuencia griega, hubiera llegado a ser después también en la latina un orador admirable, y fuera sapientísimo en las materias relativas al estudio de la sabiduría. Se alababa a aquel hombre y se le amaba ausente. ¿Acaso aquel amor entra de la boca del que alaba al corazón del que escucha? De ningún modo; sino que un amante enciende a otro. Por eso se ama al que es alabado, cuando se cree que lo ensalza un corazón no engañoso, es decir, cuando lo alaba alguien que lo ama.✦
De Hierio no se sabe nada más que lo que aquí cuenta Agustín.
Sic enim tunc amabam homines ex hominum iudicio; non enim ex tuo, deus meus, in quo nemo fallitur. sed tamen cur non sicut auriga nobilis, sicut uenator studiis popularibus diffamatus, sed longe aliter et grauiter et ita, quemadmodum et me laudari uellem? non autem uellem ita laudari et amari me ut histriones, quamquam eos et ipse laudarem et amarem, sed eligens latere quam ita notus esse et uel haberi odio quam sic amari. ubi distribuuntur ista pondera uariorum et diuersorum amorum in anima una? quid est, quod amo in alio, quod rursus nisi odissem, non a me detestarer et repellerem, cum sit uterque nostrum homo? non enim sicut equus bonus amatur ab eo qui nollet hoc esse, etiamsi posset, hoc et de histrione dicendum est, qui naturae nostrae socius est. ergone amo in homine quod odi esse, cum sim homo? grande profundum est ipse homo, cuius etiam capillos tu, domine, numeratos habes et non minuuntur in te: et tamen capilli eius magis numerabiles quam affectus eius et motus cordis eius.
Así amaba yo entonces a los hombres: por el juicio de los hombres, no por el tuyo, Dios mío, en quien nadie se engaña. Pero, aun así, ¿por qué no [lo amaba] como a un auriga célebre o a un cazador famoso por el favor popular, sino de modo muy distinto, con seriedad, y tal como yo mismo quisiera ser alabado? Pues no quisiera yo ser alabado y amado como los actores, aunque yo mismo los alababa y amaba; antes preferiría quedar oculto que ser conocido de ese modo, e incluso ser odiado antes que ser amado así. ¿Dónde se reparten estos pesos de amores varios y diversos en una sola alma? ¿Qué es lo que amo en otro, que, si a la vez no lo odiara, no lo detestaría ni lo rechazaría de mí, siendo ambos hombres? Porque no puede decirse del actor, que es compañero de nuestra naturaleza, lo que del buen caballo, que es amado por quien no querría ser caballo aunque pudiera. ¿Amo entonces en un hombre lo que odio ser, siendo yo hombre? Un gran abismo es el hombre mismo, cuyos cabellos tienes tú contados, Señor, y ni uno se pierde en ti; y, sin embargo, más fáciles de contar son sus cabellos que sus afectos y los movimientos de su corazón.✦
Aurigas (conductores de carros en el circo), cazadores (luchadores contra fieras en el anfiteatro) y actores eran ídolos populares, pero socialmente despreciados.
Cf. Mt 10,30 («hasta los cabellos de su cabeza están todos contados»).
At ille rhetor ex eo erat genere, quem sic amabam, ut esse me uellem talem; et errabam tyfo et circumferebar omni uento et nimis occulte gubernabar abs te. et unde scio et unde certus confiteor tibi, quod illum in amore laudantium magis amaueram quam in rebus ipsis, de quibus laudabatur? quia si non laudatum uituperarent eum idem ipsi et uituperando atque spernendo ea ipsa narrarent, non accenderer in eo et non excitarer, et certe res non aliae forent nec homo ipse alius, sed tantummodo alius affectus narrantium. ecce ubi iacet anima infirma nondum haerens soliditati ueritatis. sicut aurae linguarum flauerint a pectoribus opinantium, ita fertur et uertitur, torquetur ac retorquetur, et obnubilatur ei lumen et non cernitur ueritas. et ecce est ante nos. et magnum quiddam mihi erat, si sermo meus et studia mea illi uiro innotescerent: quae si probaret, flagrarem magis; si autem inprobaret, sauciaretur cor uanum et inane soliditatis tuae. et tamen pulchrum illud atque aptum, unde ad eum scripseram, libenter animo uersabam ob os contemplationis meae et nullo conlaudatore mirabar.
Pero aquel orador era de esa clase de hombres a quienes yo amaba de tal manera que quería ser como ellos; y erraba por mi orgullo, y era llevado de acá para allá por todo viento, y era gobernado por ti muy ocultamente. ¿Y cómo sé, y cómo te confieso con certeza, que lo había amado más por el amor de los que lo alababan que por las cosas mismas por las que era alabado? Porque si, en vez de alabarlo, esos mismos lo hubieran vituperado y, vituperándolo y despreciándolo, hubieran contado esas mismas cosas, yo no me habría encendido ni entusiasmado por él; y, ciertamente, las cosas no habrían sido otras, ni el hombre mismo otro, sino solo otro el sentimiento de los que hablaban. He aquí dónde yace el alma débil que todavía no se adhiere a la solidez de la verdad. Según soplen los aires de las lenguas desde los pechos de los que opinan, así es llevada y volteada, torcida y retorcida, y se le nubla la luz y no se distingue la verdad. Y he aquí que está delante de nosotros. Y era para mí algo grande que mis discursos y mis estudios llegaran a conocimiento de aquel hombre: si los aprobaba, me inflamaría más; pero si los desaprobaba, quedaría herido mi corazón vano y vacío de tu solidez. Y, sin embargo, aquello de lo bello y lo apto, sobre lo que le había escrito, lo revolvía con gusto ante los ojos de mi contemplación y lo admiraba sin nadie que lo alabara conmigo.✦
«Orgullo» traduce tyfus, palabra griega (týphos: «humo», y de ahí «vanidad, presunción»).
Cf. Ef 4,14 («llevados por todo viento de doctrina»).
Sed tantae rei cardinem in arte tua nondum uidebam, omnipotens, qui facis mirabilia solus, et ibat animus meus per formas corporeas et pulchrum, quod per se ipsum, aptum autem, quod ad aliquid adconmodatum deceret, definiebam et distinguebam et exemplis corporeis adstruebam. et conuerti me ad animi naturam et non me sinebat falsa opinio, quam de spiritalibus habebam, uerum cernere. et inruebat in oculos ipsa uis ueri et auertebam palpitantem mentem ab incorporea re ad liniamenta et colores et tumentes magnitudines et, quia non poteram ea uidere in animo, putabam me non posse uidere animum meum. et cum in uirtute pacem amarem, in uitiositate autem odissem discordiam, in illa unitatem, in ista quandam diuisionem notabam, inque illa unitate mens rationalis et natura ueritatis ac summi boni mihi esse uidebatur, in ista uero diuisione inrationalis uitae nescio quam substantiam et naturam summi mali, quae non solum esset substantia, sed omnino uita esset et tamen abs te non esset, deus meus, ex quo sunt omnia, miser opinabar. et illam monadem appellabam tamquam sine ullo sexu mentem, hanc uero dyadem, iram in facinoribus, libidinem in flagitiis, nesciens quid loquerer. non enim noueram neque didiceram nec ullam substantiam malum esse nec ipsam mentem nostram summum atque inconmutabile bonum.
Pero todavía no veía el quicio de tan gran cuestión en tu arte, Omnipotente, el único que hace maravillas; y mi espíritu recorría las formas corpóreas, y definía y distinguía lo bello, que lo es por sí mismo, y lo apto, que es conveniente por estar acomodado a otra cosa, y lo apoyaba con ejemplos corpóreos. Y me volví a la naturaleza del alma, y la falsa opinión que tenía de las cosas espirituales no me dejaba ver la verdad. Y la fuerza misma de la verdad irrumpía en mis ojos, y yo apartaba mi mente palpitante de lo incorpóreo hacia los contornos, los colores y las magnitudes hinchadas; y, como no podía verlas en el alma, pensaba que no podía ver mi alma. Y como en la virtud amaba la paz y en el vicio odiaba la discordia, notaba en aquella la unidad y en este una especie de división; y en aquella unidad me parecía que estaban el alma racional y la naturaleza de la verdad y del sumo bien; y en esta división, desdichado de mí, opinaba que había no sé qué sustancia de vida irracional y una naturaleza del sumo mal, que no solo sería sustancia, sino también vida, y que, sin embargo, no procedería de ti, Dios mío, de quien proceden todas las cosas. Y a aquella la llamaba mónada, como una mente sin sexo alguno, y a esta, díada: la ira en los crímenes, la lujuria en las torpezas, sin saber lo que decía. Porque no sabía ni había aprendido que ningún mal es sustancia, ni que nuestra mente no es el bien sumo e inmutable.✦
Mónada y díada: «unidad» y «dualidad», términos de la tradición pitagórica.
Cf. Sal 71,18 y 135,4 («el único que hace maravillas»); 1 Co 8,6 («de quien proceden todas las cosas»).
Sicut enim facinora sunt, si uitiosus est ille animi motus, in quo est impetus, et se iactat insolenter ac turbide, et flagitia, si est inmoderata illa animae affectio, qua carnales hauriuntur uoluptates, ita errores et falsae opiniones uitam contaminant, si rationalis mens ipsa uitiosa est. qualis in me tunc erat nesciente alio lumine illam inlustrandam esse, ut sit particeps ueritatis, quia non est ipsa natura ueritatis, quoniam tu inluminabis lucernam meam, domine; deus meus, inluminabis tenebras meas, et de plenitudine tua omnes nos accepimus. es enim tu lumen uerum, quod inluminat omnem hominem uenientem in hunc mundum, quia in te non est transmutatio nec momenti obumbratio.
Pues así como hay crímenes cuando es vicioso aquel movimiento del alma en que reside el ímpetu, y se agita insolente y turbulentamente, y hay torpezas cuando es desmedido aquel afecto del alma con que se absorben los placeres carnales, así los errores y las falsas opiniones contaminan la vida cuando la misma mente racional está viciada. Así estaba ella entonces en mí, que no sabía que debía ser iluminada por otra luz para participar de la verdad, porque ella misma no es la naturaleza de la verdad; porque tú iluminarás mi lámpara, Señor; Dios mío, iluminarás mis tinieblas, y de tu plenitud todos hemos recibido. Porque tú eres la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, porque en ti no hay mudanza ni sombra de un instante.✦
Cf. Sal 17,29; Jn 1,16; Jn 1,9; St 1,17.
Sed ego conabar ad te et repellebar abs te, ut saperem mortem, quoniam superbis resistis. quid autem superbius, quam ut assererem mira dementia me id esse naturaliter, quod tu es? cum enim ego essem mutabilis et eo mihi manifestum esset, quod utique ideo sapiens esse cupiebam, ut ex deteriore melior fierem, malebam tamen etiam te opinari mutabilem quam me non hoc esse, quod tu es. itaque repellebar et resistebas uentosae ceruici meae et imaginabar formas corporeas et caro carnem accusabam et spiritus ambulans non reuertebar ad te et ambulando ambulabam in ea, quae non sunt neque in te neque in me neque in corpore neque mihi creabantur a ueritate tua, sed a mea uanitate fingebantur ex corpore, et dicebam paruulis fidelibus tuis, ciuibus meis, a quibus nesciens exulabam, dicebam illis garrulus et ineptus: "cur ergo errat anima, quam fecit deus?" et mihi nolebam dici: "cur ergo errat deus?" et contendebam magis inconmutabilem tuam substantiam coactam errare quam meam mutabilem sponte deuiasse et poena errare confitebar.
Pero yo me esforzaba hacia ti y era rechazado por ti, para que gustara la muerte, porque resistes a los soberbios. Y ¿qué cosa más soberbia que afirmar, con asombrosa locura, que yo era por naturaleza lo que tú eres? Pues siendo yo mudable, y resultándome esto evidente por el hecho mismo de que deseaba ser sabio para pasar de peor a mejor, prefería, sin embargo, pensar que también tú eras mudable antes que [admitir] que yo no era lo que tú eres. Por eso era rechazado, y tú resistías a mi cerviz llena de viento, y yo imaginaba formas corpóreas y, siendo carne, acusaba a la carne, y, espíritu que va y no vuelve, no volvía a ti, y caminando caminaba hacia cosas que no existen ni en ti, ni en mí, ni en el cuerpo, y que no eran creadas para mí por tu verdad, sino imaginadas por mi vanidad a partir de lo corpóreo. Y decía a tus fieles pequeños, mis conciudadanos, de quienes sin saberlo estaba desterrado, les decía, charlatán e inepto: «¿Por qué, entonces, yerra el alma que Dios hizo?». Y no quería que se me dijera: «¿Por qué, entonces, yerra Dios?». Y prefería sostener que tu sustancia inmutable erraba forzada, antes que confesar que la mía, mudable, se había desviado por su voluntad y yerra como castigo.✦
Para los maniqueos el alma era una partícula de la sustancia divina caída en la materia; de ahí que su error fuera, en el fondo, un error de Dios.
Cf. 1 Pe 5,5 y St 4,6; Sal 77,39 («espíritu que va y no vuelve»).
Et eram aetate annorum fortasse uiginti sex aut septem, cum illa uolumina scripsi, uoluens apud me corporalia figmenta obstrepentia cordis mei auribus, quas intendebam, dulcis ueritas, in interiorem melodiam tuam, cogitans de pulchro et apto et stare cupiens et audire te et gaudio gaudere propter uocem sponsi, et non poteram, quia uocibus erroris mei rapiebar foras et pondere superbiae meae in ima decidebam. non enim dabas auditui meo gaudium et laetitiam, aut exultabant ossa, quae humiliata non erant.
Tenía unos veintiséis o veintisiete años cuando escribí aquellos volúmenes, revolviendo en mí las ficciones corpóreas que hacían ruido en los oídos de mi corazón, oídos que yo tendía, dulce Verdad, hacia tu melodía interior, mientras pensaba en lo bello y lo apto, y deseaba estar en pie y oírte y alegrarme con gozo por la voz del esposo; y no podía, porque las voces de mi error me arrastraban afuera y por el peso de mi soberbia caía a lo más bajo. Porque no dabas a mi oído gozo y alegría, ni saltaban de júbilo los huesos, que no habían sido humillados.✦
Cf. Jn 3,29 («el amigo del esposo, que está en pie y lo oye, se alegra con gozo por la voz del esposo»); Sal 50,10.
Et quid mihi proderat, quod annos natus ferme uiginti, cum in manus meas uenissent Aristotelica quaedam, quas appellant decem categorias — quarum nomine, cum eas rhetor Carthaginiensis, magister meus, buccis tyfo crepantibus conmemoraret et alii qui docti habebantur, tamquam in nescio quid magnum et diuinum suspensus inhiabam — legi eas solus et intellexi? quas cum contulissem cum eis, qui se dicebant uix eas magistris eruditissimis non loquentibus tantum, sed multa in puluere depingentibus intellexisse, nihil inde aliud mihi dicere potuerunt, quam ego solus apud me ipsum legens cognoueram; et satis aperte mihi uidebantur loquentes de substantiis, sicuti est homo, et quae in illis essent, sicuti est figura hominis, qualis sit et statura, quot pedum sit, aut cognatio, cuius frater sit, aut ubi sit constitutus aut quando natus, aut stet an sedeat aut calciatus uel armatus sit aut aliquid faciat aut patiatur aliquid, et quaecumque in his nouem generibus, quorum exempli gratia quaedam posui, uel in ipso substantiae genere innumerabilia reperiuntur.
¿Y de qué me servía que, teniendo apenas veinte años, cuando llegaron a mis manos ciertos escritos aristotélicos que llaman las Diez categorías —ante cuyo nombre, cuando mi maestro, el retórico de Cartago, y otros que pasaban por doctos lo mencionaban con las mejillas hinchadas de orgullo, yo quedaba boquiabierto como ante no sé qué cosa grande y divina—, los leyera yo solo y los entendiera? Cuando los comenté con quienes decían que a duras penas los habían entendido con maestros muy eruditos que no solo explicaban de palabra, sino que dibujaban muchas cosas en el polvo, no pudieron decirme de ellos nada distinto de lo que yo había conocido leyéndolos solo por mi cuenta. Y me parecían hablar con bastante claridad de las sustancias, como es el hombre, y de lo que hay en ellas, como es la figura del hombre, cómo es y cuál su estatura, de cuántos pies, o su parentesco, de quién es hermano, o dónde está situado o cuándo nació, o si está de pie o sentado, o calzado o armado, o si hace algo o padece algo, y todas las cosas innumerables que se encuentran en estos nueve géneros, de los que he puesto algunos ejemplos, o en el mismo género de la sustancia.✦
Las Categorías de Aristóteles distinguen diez géneros supremos del ser: la sustancia y nueve accidentes (cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, estado, acción y pasión), que Agustín ilustra con sus ejemplos. Los maestros dibujaban figuras en tableros cubiertos de arena o polvo.
Quid hoc mihi proderat, quando et oberat, cum etiam te, deus meus, mirabiliter simplicem atque inconmutabilem, illis decem praedicamentis putans quidquid esset omnino conprehensum, sic intellegere conarer, quasi et tu subiectus esses magnitudini tuae aut pulchritudini, ut illa essent in te quasi in subiecto sicut in corpore, cum tua magnitudo et tua pulchritudo tu ipse sis, corpus autem non eo sit magnum et pulchrum, quo corpus est, quia etsi minus magnum et minus pulchrum esset, nihilominus corpus esset. falsitas enim erat, quam de te cogitabam, non ueritas, et figmenta miseriae meae, non firmamenta beatitudinis tuae. iusseras enim et ita fiebat in me, ut terra spinas et tribolos pareret mihi et cum labore peruenirem ad panem meum.
¿De qué me servía esto, si incluso me perjudicaba, cuando, creyendo que todo lo que existe quedaba absolutamente comprendido en aquellos diez predicamentos, intentaba entenderte también a ti, Dios mío, admirablemente simple e inmutable, como si también tú estuvieras sujeto a tu grandeza o a tu hermosura, de modo que estas estuvieran en ti como en un sujeto, igual que en un cuerpo, siendo así que tu grandeza y tu hermosura eres tú mismo, mientras que un cuerpo no es grande y hermoso por ser cuerpo, ya que, aunque fuera menos grande y menos hermoso, seguiría siendo cuerpo? Falsedad era lo que pensaba de ti, no verdad; ficciones de mi miseria, no firmezas de tu bienaventuranza. Pues tú lo habías mandado, y así sucedía en mí: que la tierra me produjera espinas y abrojos, y que con fatiga llegara a mi pan.✦
Cf. Gn 3,18-19.
Et quid mihi proderat, quod omnes libros artium, quas liberales uocant, tunc nequissimus malarum cupiditatum seruus per me ipsum legi et intellexi, quoscumque legere potui? et gaudebam in eis et nesciebam, unde esset quidquid ibi uerum et certum esset. dorsum enim habebam ad lumen et ad ea, quae inluminantur, faciem: unde ipsa facies mea, qua inluminata cernebam, non inluminabatur. quidquid de arte loquendi et disserendi, quidquid de dimensionibus figurarum et de musicis et de numeris sine magna difficultate nullo hominum tradente intellexi, scis tu, domine deus meus, quia et celeritas intellegendi et dispiciendi acumen donum tuum est. sed non inde sacrificabam tibi. itaque mihi non ad usum, sed ad perniciem magis ualebat, quia tam bonam partem substantiae meae sategi habere in potestate et fortitudinem meam non ad te custodiebam, sed profectus sum abs te in longinquam regionem, ut eam dissiparem in meretrices cupiditates. nam quid mihi proderat bona res non utenti bene? non enim sentiebam illas artes etiam ab studiosis et ingeniosis difficillime intellegi, nisi cum eis eadem conabar exponere et erat ille excellentissimus in eis, qui me exponentem non tardius sequeretur.
¿Y de qué me servía que, siendo entonces el peor esclavo de malos deseos, leyera y entendiera por mí mismo todos los libros de las artes que llaman liberales, cuantos pude leer? Me gozaba en ellos y no sabía de dónde venía todo lo que en ellos había de verdadero y cierto. Porque tenía la espalda vuelta hacia la luz y el rostro hacia las cosas iluminadas; por eso mi rostro, con el que veía las cosas iluminadas, no era iluminado. Todo lo que sobre el arte de hablar y de razonar, todo lo que sobre las dimensiones de las figuras, sobre la música y los números entendí sin gran dificultad y sin que ningún hombre me lo enseñara, tú lo sabes, Señor Dios mío, porque la rapidez para entender y la agudeza para discernir son don tuyo. Pero no te ofrecía sacrificio por ello. Y así, no me servía para provecho, sino más bien para perdición, porque me empeñé en tener en mi poder una parte tan buena de mi sustancia, y no guardaba para ti mi fortaleza, sino que me marché lejos de ti a una región lejana, para disiparla en concupiscencias rameras. Pues ¿de qué me servía una cosa buena si no la usaba bien? Porque no me daba cuenta de que aquellas artes eran entendidas con grandísima dificultad aun por los estudiosos e ingeniosos, sino cuando intentaba explicárselas, y el más sobresaliente en ellas era el que no me seguía con demasiada lentitud mientras yo las explicaba.✦
Las artes liberales eran gramática, retórica y dialéctica, y geometría, aritmética, música y astronomía.
Cf. Sal 58,10 («guardaré para ti mi fortaleza»); Lc 15,13 (el hijo pródigo, que «se marchó a una región lejana y allí disipó su hacienda»).
Sed quid mihi hoc proderat putanti, quod tu, domine deus ueritas, corpus esses lucidum et inmensum et ego frustum de illo corpore? nimia peruersitas! sed sic eram nec erubesco, deus meus, confiteri tibi in me misericordias tuas et inuocare te, qui non erubui tunc profiteri hominibus blasphemias meas et latrare aduersum te. quid ergo tunc mihi proderat ingenium per illas doctrinas agile et nullo adminiculo humani magisterii tot nodosissimi libri enodati, cum deformiter et sacrilega turpitudine in doctrina pietatis errarem? aut quid tantum oberat paruulis tuis longe tardius ingenium, cum a te longe non recederent, ut in nido ecclesiae tuae tuti plumescerent et alas caritatis alimento sanae fidei nutrirent? o domine deus noster, in uelamento alarum tuarum speremus et protege nos et porta nos. tu portabis, tu portabis et paruulos et usque ad canos tu portabis, quoniam firmitas nostra quando tu es, tunc est firmitas, cum autem nostra est, infirmitas est. uiuit apud te semper bonum nostrum, et quia inde auersi sumus, peruersi sumus. reuertamur iam, domine, ut non euertamur, quia uiuit apud te sine ullo defectu bonum nostrum, quod tu ipse es, et non timemus, ne non sit quo redeamus, quia nos inde ruimus; nobis autem absentibus non ruit domus nostra, aeternitas tua.
Pero ¿de qué me servía esto a mí, que pensaba que tú, Señor Dios, la Verdad, eras un cuerpo luminoso e inmenso, y yo un pedazo de ese cuerpo? ¡Excesiva perversidad! Pero así era yo, y no me avergüenzo, Dios mío, de confesarte tus misericordias para conmigo y de invocarte, yo que entonces no me avergoncé de proclamar ante los hombres mis blasfemias y de ladrar contra ti. ¿De qué me servía entonces un ingenio ágil para aquellas doctrinas, y tantos libros intrincadísimos desenredados sin ayuda de ningún magisterio humano, cuando erraba deformemente y con sacrílega torpeza en la doctrina de la piedad? ¿O qué perjuicio tan grande causaba a tus pequeños un ingenio mucho más lento, si no se apartaban lejos de ti, para que en el nido de tu Iglesia echaran plumas seguros y alimentaran las alas de la caridad con el alimento de la fe sana? Oh Señor Dios nuestro, esperemos al amparo de tus alas, y protégenos y llévanos. Tú nos llevarás, tú llevarás a los pequeños, y hasta la vejez tú nos llevarás, porque nuestra firmeza, cuando eres tú, entonces es firmeza; pero cuando es nuestra, es debilidad. Vive siempre junto a ti nuestro bien, y porque nos apartamos de él, nos pervertimos. Volvamos ya, Señor, para no ser derribados, porque vive junto a ti sin ningún menoscabo nuestro bien, que eres tú mismo; y no tememos que no haya adonde volver por haber caído nosotros de allí, porque, aunque estemos ausentes, no se derrumba nuestra casa, tu eternidad.✦
Los maniqueos concebían a Dios como una luz corpórea e inmensa, y el alma humana como una parcela de ella.
Cf. Sal 106,8; Sal 62,8 y 16,8 («a la sombra de tus alas»); Is 46,4 («hasta la vejez yo los llevaré»).
Fuente del texto original: Texto latino: edición de Pius Knöll, CSEL 33 (Viena, 1896; dominio público), transcripción digital de Open Greek and Latin (csel-dev), CC BY-SA 4.0. La columna latina se distribuye con esa misma licencia.